domingo, 26 de enero de 2025

Gabriel Hilsaca - Las ciudades invisibles: un ensayo sobre el espacio y la percepción en la obra de Calvino

 

En Las ciudades invisibles (1972), Italo Calvino nos presenta una obra que trasciende los límites de la narrativa convencional. A través de una serie de relatos que describen ciudades imaginarias, el autor nos invita a reflexionar sobre la relación entre el espacio, la percepción humana y la construcción de la realidad. Cada ciudad que Marco Polo describe al emperador Kublai Kan se convierte en un espejo de la mente humana, una proyección de nuestras percepciones, deseos y miedos. En este artículo, exploraremos cómo Calvino utiliza el espacio como un medio para cuestionar la manera en que entendemos nuestra existencia y el mundo que habitamos.



Las ciudades invisibles: un reflejo de la mente humana

La estructura de Las ciudades invisibles es tan inusual como fascinante. A lo largo de 55 capítulos, Marco Polo narra a Kublai Kan las características de diversas ciudades, todas ellas imaginarias, pero que, al mismo tiempo, reflejan aspectos profundamente reales de la experiencia humana. Cada ciudad es un espacio simbólico, que representa una visión particular del mundo, una forma de vivir, de comprender el tiempo, la memoria o el deseo.

El libro se aleja de la narrativa tradicional en la que las ciudades son simplemente escenarios de acción, y las convierte en metáforas que se entrelazan con los temas filosóficos y existenciales. A través de estas descripciones, Calvino no solo nos invita a recorrer un mundo de fantasía, sino a cuestionar la naturaleza misma del espacio físico y cómo este se construye en nuestra mente.

El espacio como construcción mental

El espacio en Las ciudades invisibles no es un escenario estático, sino un fenómeno que se modifica según la percepción del que lo habita. Las ciudades que Polo describe parecen ser infinitas y cambiantes, como los paisajes interiores de la mente humana. La percepción del espacio, como la del tiempo, es subjetiva, y depende en gran parte de las emociones, recuerdos y expectativas de los individuos.

Por ejemplo, en la ciudad de Leonia, todo está en constante transformación, la basura se acumula rápidamente y cada día se destruyen objetos para dar paso a los nuevos. Esta ciudad refleja una visión del mundo marcada por la consumismo y la efimeridad. Sin embargo, Leonia puede verse también como una representación de la memoria humana, que constantemente desecha y reemplaza lo viejo con lo nuevo, dejando atrás huellas de lo que ya no es útil o necesario.

En cambio, en la ciudad de Zaira, cada cosa en su lugar parece estar relacionada con el todo, y el espacio está construido de acuerdo con un sistema lógico. Los caminos se cruzan de forma exacta, y todo parece tener un propósito. Zaira es una ciudad que refleja la nuestra necesidad de orden y estructura, de encontrar sentido en la aparente caoticidad de la vida.

El espacio como metáfora de la experiencia humana

Cada una de las ciudades descritas en el libro puede interpretarse como una metáfora de los aspectos más profundos de la experiencia humana. Calvino no está simplemente narrando el viaje físico de Polo; está presentando una serie de mundos paralelos que exploran temas universales como el amor, la muerte, la memoria y el deseo. Las ciudades invisibles, entonces, son expresiones de esas dimensiones que constituyen nuestra existencia.

Por ejemplo, la ciudad de Isidora, que parece estar siempre en ruinas, puede verse como una representación de la nostalgia y de la inevitabilidad de la decadencia humana. Los habitantes de Isidora viven en un estado de constante reconstrucción, lo que refleja la búsqueda constante del ser humano por reconstruir su identidad y encontrar sentido a lo que se ha perdido.

Por otro lado, Octavia, una ciudad que se encuentra suspendida en una red de cuerdas y cuya estructura está en constante peligro de desmoronarse, puede ser vista como una reflexión sobre la fragilidad de la vida y la incertidumbre existencial. La ciudad está literalmente suspendida en el aire, y sus habitantes son conscientes de la precariedad de su existencia, un recordatorio constante de la finitud del ser humano.

La relación entre espacio y tiempo: la percepción del instante

Uno de los elementos más fascinantes de Las ciudades invisibles es la relación que establece entre el espacio y el tiempo. En muchas de las ciudades, el tiempo parece no estar vinculado a una progresión lineal, sino que es vivido de manera fragmentada, circular o dilatada. Las ciudades no siguen un patrón temporal predecible, sino que se desarrollan en función de las percepciones de sus habitantes.

En la ciudad de Diomira, por ejemplo, el tiempo parece estar marcado por el deseo constante de poseer. Las ciudades y sus características cambian según el deseo de quienes las habitan, lo que hace que el tiempo en Diomira sea relativo y dependa de las decisiones y aspiraciones de cada individuo. En este sentido, Calvino nos presenta una concepción del tiempo en la que las ciudades, aunque distantes y separadas por el espacio físico, están conectadas a través de los sentimientos y deseos universales que nos unen como seres humanos.

La percepción del espacio como un acto de imaginación

En Las ciudades invisibles, Calvino también explora la idea de que la percepción del espacio es, en última instancia, un acto de imaginación. Las ciudades que Polo describe no existen de forma concreta, sino que son construcciones mentales que nacen de su propio pensamiento y de su capacidad de percibir el mundo de una manera particular. Cada ciudad es una invención, no solo del autor, sino también del lector, que debe llenar los vacíos de la narración con su propia imaginación.

El espacio en esta obra no es un escenario físico, sino un territorio mental, un espacio interno que se construye a través de las emociones, los recuerdos y los pensamientos. En este sentido, Las ciudades invisibles se convierte en un ejercicio literario sobre cómo construimos el mundo que habitamos, cómo lo interpretamos a través de nuestra mente y cómo nos relacionamos con los lugares, las personas y los momentos que lo componen.

La ciudad como un proceso narrativo

Finalmente, Las ciudades invisibles nos recuerda que el espacio no es algo fijo ni inmutable, sino que es el resultado de un proceso narrativo. Las ciudades de Calvino no son descripciones estáticas, sino relatos en constante cambio, que se despliegan en la mente del lector a medida que se leen. Cada ciudad es una narrativa en sí misma, que revela una nueva capa de significado con cada lectura.

De esta manera, Calvino nos invita a pensar en el espacio no como algo dado, sino como algo que se construye a través de la narrativa. En Las ciudades invisibles, el espacio no solo es un lugar físico, sino también un lugar narrativo, que existe a través de las historias que contamos sobre él.

Este enfoque sobre el espacio y la percepción en Las ciudades invisibles no solo nos desafía a repensar cómo construimos el mundo que habitamos, sino también cómo nuestras propias historias, sueños y deseos crean los lugares que visitamos, y cómo, en última instancia, somos nosotros los que damos forma a nuestro entorno.

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